Descripción del proyecto

Propuesta para la construcción de la cubierta del frontón Iturbero

 Araia, País Vasco

El ámbito de actuación es el frontón Iturbero de Araia, situado en la calle Iturbero, frente a la iglesia y al lado del Ayuntamiento y de la plaza del pueblo. La parcela tiene una superficie de 291,74m². Se trata de un frontón de 1876, de los más antiguos de Araia, de reducido tamaño, actualmente 25,40 metros de largo (inicialmente era de 21,8) con un frontis de sillería de 8,96m de ancho y 10m de altura con el suelo de hormigón pulido, restaurado en 1983.

El objeto del presente proyecto es el cubrimiento del espacio del frontón de forma que se puedan desarrollar actividades dentro del mismo sin la posible afección de la lluvia, incluyendo la renovación de los elementos del frontón, la iluminación interior del espacio y la conexión de la red de evacuación de aguas pluviales de la cubierta con la red de saneamiento.

La finalidad de la actuación es proporcionar un espacio cubierto multifuncional, principalmente para uso deportivo y de mercado, al mismo tiempo que se dota al centro de Araia de un espacio cubierto al aire libre. Esta actuación consiste en construir una cubierta ligera sobre la plataforma actual del frontón. La solución deberá contemplar su adaptación al edificio colindante (destinado a hogar del jubilado) teniendo en cuenta sus necesidades de iluminación y ventilación. La dimensión máxima de la cubierta es de aproximadamente 250m² (25,00m x 10,00m). Conjuntamente se ejecutarán los trabajos necesarios de adecuación de los muros y de la pavimentación y de las instalaciones existentes en la parcela. La solución deberá tener en cuenta que se trata de un espacio central e icónico en el casco urbano de Araia.

Este nuevo espacio, que surge de la construcción de esta estructura, genera un lugar con capacidad para asumir diferentes actividades. Esta multifunción es uno de los principales alicientes de esta propuesta, ya que el enclave que se crea puede ser utilizado cualquier día y en cualquier condición climática.

El cubrimiento de frontones es un tema delicado en lo que se debe evitar exagerar notablemente la altura creando una volumetría invasiva, desproporcionada que altera su sencilla geometría con la pérdida del tríodo fundamental, paredes y suelo, deformando rotundamente su tradicional sentido compositivo y su esencial condición de espacio exento, diáfano del frontón abierto.

Se convierte en una construcción cerrada más que pierde su presencia, sentido histórico, formal, interés patrimonial, e incluso funcional ya que durante épocas del año y ciertas horas del día oscurece y entristece el espacio alterando la percepción cromática de bellos y variados frontis pétreos. Cambia incluso la sonoridad, el juego de la pelota que sí en la plaza tiene una tonalidad leve y las palabras son íntimas, en un recinto cubierto se convierten en un golpe amplificado y las voces resuenan.

La única posible justificación de este cubrimiento es que se convierte en una sala que permite juegos y otras actividades sociales en momentos de climatologías desfavorables y horarios nocturnos. Pero el deterioro tipológico y etnográfico del lugar como plaza, un espacio público abierto, se pierde casi siempre, transformándose en una descontextualizada construcción deportiva.

Gracias al cubrimiento del frontón, con una celosía de lamas de aluminio lacado, nos encontramos con un interior lleno de luz. Este hecho hace posible la realización de distintos eventos sin la necesidad de luz artificial, lo que aporta un valor sostenible de ahorro energético a la propuesta que posteriormente se detalla en los aspectos técnicos.

En primer lugar, ¿cómo afecta esto al frontón? Se trata, en principio, de la actividad principal que se va a llevar a cabo en este espacio y, aunque existen detractores en lo que respecta a cubrir estos espacios, lo cierto es que sus beneficios superan a las desventajas:

La pérdida de luz en espacios cerrados. Es obvio, que si cubrimos una plaza la cantidad de luz que va a penetrar en la zona de juego es menor. Sin embargo, gracias a la celosía de lamas de aluminio lacado, la luz penetra en el frontón sin problemas. De igual modo, esto repercute en la fachada incluida dentro del cubrimiento, pues va a seguir percibiendo una cantidad de luz natural muy similar.

Espacios cerrados y espacios abiertos. Este es el otro gran punto de controversia sobre esta materia. Para algunos, es parte esencial del frontón tener un espacio abierto donde practicarlo. No obstante, esto no es del todo cierto y contiene muchos matices a analizar. Por ejemplo, gracias al cubrimiento la lluvia o el viento no afectara en modo alguno al desarrollo del juego. Por otro lado, la experiencia será similar al de un espacio abierto, ya que la celosía de lamas de aluminio lacado es transparente, lo que permite disfrutar del entorno.

Otro aspecto vital para la comprensión de esta propuesta es la reutilización del espacio. Hasta el momento, hemos explicado las distintas ventajas de recubrir un espacio como este, pero lo realmente interesante en este punto, es que, además de poder jugar al frontón, podemos llevar a cabo actividades de distinta índole.

Lo efímero cobra aquí el interés. Y es que, en este espacio se podrán llevar a cabo presentaciones de libros, pequeños conciertos, eventos locales, espacios gastronómicos y toda aquella actividad que para desarrollarse requiera concentrarse en un punto concreto.

En conclusión, hablamos transformar un espacio que actualmente solo se emplea para un único propósito en una superficie nueva, variante, cambiante y que aporte un valor añadido a la ciudad. Ahora, más allá de respetar la tradición, hablamos de reconvertir este enclave en un lugar de referencia. Un sitio donde todo el mundo pueda llevar a cabo su particular actividad.